El presidente de Chile, José Antonio Kast, viajó a La Paz invitado por su par boliviano, Rodrigo Paz, para un encuentro de alto nivel que se calificó como histórico: fue la primera visita oficial de un jefe de Estado chileno a Bolivia en 71 años. El punto de partida de este reencuentro diplomático se remonta a 1955, cuando el entonces presidente chileno Ibáñez del Campo asistió a la investidura de Víctor Paz Estenssoro, antecedente que hoy se recuerda como referencia de encuentros entre ambos países, cercanos pero con diferencias que persisten.

La reunión se llevó a cabo en la sede del Gobierno y del Legislativo de Bolivia, en La Paz, y contó con la participación de ministros y autoridades de las regiones fronterizas. En ese marco, Kast subrayó en redes sociales que Chile y Bolivia tienen un gran porvenir por delante, y que no debería demorarse otra vez un encuentro de estas características: “no pasen siete décadas para volver a encontrarnos”. Publicó una imagen del encuentro de 1955 y otra de la reunión actual para ilustrar el mensaje.

Las relaciones entre Bolivia y Chile se encuentran rotas a nivel de embajadores desde 1962, con un único lapso de restablecimiento entre 1975 y 1978, como resultado de la cuestión boliviana de una salida soberana al océano Pacífico, reclamo que Bolivia perdió a fines del siglo XIX tras una contienda bélica. En los últimos meses, y bajo la presidencia de Paz y de Kast, hubo movimientos de acercamiento en distintos planos; este viernes se realizaron encuentros entre los jefes de Estado, sus gabinetes y autoridades regionales, con el objetivo de avanzar hacia una normalización.

Kast sostuvo que, a pesar de las diferencias históricas entre ambos países, estas no deben convertirse en un freno para avanzar. Anunció que se creó un mecanismo de consultas políticas para trabajar estas cuestiones con diálogo y confianza mutua, avanzando paso a paso hacia una normalización plena de las relaciones y su regreso al máximo nivel diplomático.

Paz, por su parte, afirmó que Bolivia no renuncia a su historia ni a su derecho al diálogo, pero enfatizó que ese legado no puede condenar al país a quedarse anclado en el pasado en detrimento de su desarrollo. En ese marco, resaltó que la búsqueda de una solución al tema marítimo es un objetivo permanente e irrenunciable, respaldado por la Constitución boliviana, y que el país está dispuesto a sostener un proceso de conversación que permita ampliar las oportunidades para sus ciudadanos.

En síntesis, la jornada dejó una sensación de新-que marca un antes y un después en las relaciones bilaterales, con una agenda de trabajo orientada a mejorar la vida de las personas en ambas naciones y a encauzar el diálogo hacia una normalización que podría elevar el nivel de las relaciones diplomáticas en el corto plazo.