Mois Navon es un ingeniero israelí reconocido por haber convertido la visión computacional en un componente central de los vehículos autónomos. Durante una visita a Buenos Aires, presentó una visión de la IA que cruza ética, futuro del trabajo y los límites de la conducción automatizada, insistiendo en que programar una máquina para decidir es, ante todo, un debate filosófico.
Nacido en California y graduado en Ingeniería Informática por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), Navon inició su trayectoria en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, donde trabajó en el simulador del programa antimisiles conocido como "Guerra de las Galaxias". Antes de entrar de lleno en el sector automotriz, desarrolló proyectos de compresión de imágenes, un sistema de detección de cáncer y pantallas a pedido para aeronaves comerciales.
En 2000, tras el estallido de la burbuja puntocom, un colega lo invitó a sumarse a una startup con gran potencial en Ramot, el barrio tecnológico de Jerusalén: Mobileye. Se convirtió en uno de los miembros fundadores del equipo de ingeniería y su misión fue convertir los algoritmos de visión artificial en un chip autónomo apto para integrarse en cualquier automóvil.
Así nació la familia EyeQ, un sistema en un solo chip (SoC) que funciona como el “cerebro” de la conducción asistida y autónoma. Esta tecnología catapultó a Mobileye a la vanguardia mundial del sector y, en 2017, Intel adquirió la firma por 15.300 millones de dólares, la mayor compra de una tecnológica israelí hasta ese momento, según Reuters y Forbes.
Navon afirmó que las primeras generaciones de EyeQ se diseñaron para ejecutar reglas físicas y modelos deterministas. Sin embargo, al enfrentar escenarios en los que un error podría costar vidas, la seguridad dejó de ser un simple objetivo funcional para convertirse en el principio rector de toda la arquitectura.
Para él, ética e ingeniería no son campos separados: la ética regula la conducta humana y la ingeniería aplica las leyes de la física al desarrollo tecnológico. “Me atraen las reglas: ampliar el conjunto de normas que guían el avance de las máquinas implica reconciliar los retos prácticos de la ingeniería con los dilemas morales que plantean,” afirmó.
Sobre la pregunta clave de la responsabilidad de las máquinas ante decisiones que pueden salvar o costar vidas, Navon señaló que los vehículos están programados para salvar vidas, lo que subraya la necesidad de marcos morales claros. El debate sobre priorizar la mayoría frente a un individuo tiene argumentos válidos en ambos lados: preservar la mayor cantidad de vidas o no violar el principio de no matar. En su visión, corresponde a los gobiernos definir estos marcos.
Además, Navon opera como asesor para entidades a escala global: es consejero de Anthropic, ha participado en presentaciones en el Vaticano y cumple funciones de asesor nacional ante un ministerio, entre otras responsabilidades.



