El analista y ex titular del Banco Nación, Carlos Melconian, habló con LA NACION sobre el programa económico del gobierno. Acepta que hubo progresos en la disciplina fiscal y en la reducción de la inflación, pero alerta que las reformas más relevantes —en el mercado de trabajo, en impuestos y en la remonetización de la economía— siguen con ritmo lento. En su lectura, esa snapping de reformas ayuda a explicar tanto el estancamiento como el favorecimiento de ciertos sectores—minería, energía y agropecuario—que se benefician del actual impulso externo, sostenido por el RIGI.

En su evaluación, el boom exportador ligado a Vaca Muerta sostiene el esquema, aunque quedan flancos sensibles, como la reserva de valor y la deuda. Describe que, durante la primera parte de 2025, se mantuvo el impulso que se activó a finales de 2024, con crédito y repunte de la actividad. En su lectura, hay una mezcla de distensión financiera y presión real: incluso con entradas de divisas que sostienen el nivel de exportaciones, el duro desafío pasa por el poder adquisitivo, el empleo y los salarios, y por la facilidad con que los dólares entran y salen del país, dada la demanda de turismo, consumo y activos en el exterior.

El ex presidente del Nación aborda una pregunta central: ¿logró el gobierno esquivar el “síndrome del tercer año”? Sostiene que sí, porque ese momento suele venir acompañado de devaluaciones que empujan la inflación y erosionan la confianza electoral. Aclara que el escenario no es comparable con episodios de los años 90 o de mediados de la década pasada, cuando las condiciones facilitaban reediciones de mandato; en su criterio, Milei no está en ese tipo de dinámica, pues para lograr una reelección se requeriría un crecimiento fuerte con inflación baja, una combinación que no se ve cercana.

Sobre el futuro inmediato, indica que Milei continúa siendo competitivo en el tablero, pero la gran incógnita es si 2027 traerá tensiones reales y financieras. En su lectura, una “tensión real” implicaría que no haya mejora suficiente en el poder adquisitivo ni en la actividad de los sectores golpeados; podría ocurrir, pero no sería lo más probable.

En la segunda parte de la conversación, insiste en que el debate electoral no modifica el núcleo del programa económico, que mantiene un carácter fundamentalmente electoral. Afirma haber considerado desde el inicio al gobierno de Milei como una etapa de transición, a la espera de ver cuál quedará como legado para el momento en que asuma la próxima gestión. Con poco más de un año y medio por delante, afirma que el núcleo del programa podría estar acercándose a su cierre; en su visión, ese fondo no cambiará radicalmente bajo Milei y quedará como base para el siguiente ciclo de gobierno, independientemente de quién lo herede.