Boca mostró una versión operativamente mediocre, condicionada por las molestias de Leandro Paredes, quien, pese a todo, fue el eje del equipo. El capitán llegó con una contractura en los isquiotibiales de la pierna izquierda y, aun así, se ubicó en el campo “a medias”, sin poder desplegar el rendimiento habitual ni hacerse cargo de las pelotas paradas. De esa manera, la historia del primer tiempo dejó claro que, si Paredes no funciona, el equipo no fluye.

El conjunto visitante, de inicio, presionó alto y no especuló. Esa actitud le dio dos ocasiones claras a Boca en la Bombonera: un cabezazo de Luciano que quedó en manos de Álvaro Montero y un penal ejecutado por Calleri que no convirtió tras una buena jugada colectiva. En esa etapa, Boca no encontró las respuestas necesarias para entrar en ritmo.

En el complemento, la balanza no cambió por momentos, hasta que Paredes, de la nada, dejó una señal clave: ideó un pase sin tocar la pelota que abrió la jugada y dejó a sus compañeros en condiciones de definir. La secuencia continuó con Ascacibar, Velasco y Blanco antes de que Merentiel empujara la pelota al fondo del arco. El gol encendió a la Bombonera y llevó a que todo el equipo felicite al propio Paredes por la acción.

Con ese envión, Boca mostró chispa y hambre de ampliar el marcador, aunque el rendimiento general siguió sin desbordes. Velasco, en buen rendimiento, estuvo cerca de aumentar la ventaja, pero la única cifra quedó 1-0 a favor del Xeneize.

La llave queda abierta y la definición se traslada a Morumbí: la revancha se jugará el próximo martes en el estadio del rival.