Las palabras que elegimos para comunicarnos pueden revelar rasgos de nuestro estilo de expresión, de cómo argumentamos y de nuestra forma de relacionarnos. Pero no todas las palabras, ni su simple repetición, permiten deducir la profundidad de un discurso.

Según el análisis realizado con inteligencia artificial, existen seis vocablos y expresiones que, cuando aparecen repetidamente, pueden indicar explicaciones limitadas, generalizaciones o respuestas con escasez de fundamentación. Es clave aclarar que esto no implica que quien las emplee tenga menor inteligencia. El contexto, la formación, las particularidades del habla y la situación communicativa influyen en la manera de expresarse, y la inteligencia humana abarca múltiples capacidades que no se sintetizan en un conjunto de palabras.

La primera en la lista es “básicamente”. Se usa para simplificar o resumir un concepto, pero su uso constante para omitir detalles puede terminar reformando temas que requieren matices.

La segunda es “como”, especialmente cuando funciona como muletilla. Su repetición puede romper el flujo del diálogo y suele aparecer cuando alguien necesita un momento para ordenar sus ideas.

Otra palabra señalada es “obvio”. Recurrir a ella para dar por sentado que una idea debe resultar evidente a toda persona evita presentar argumentos que hagan esa afirmación defendible.

“Simplemente” aparece como la cuarta en el ranking. Aunque es común, puede resultar reductora cuando se utiliza para presentar como trivial una problemática que tiene varias causas o interpretaciones posibles.

En quinto lugar aparece “genial”, un adjetivo para expresar aprobación o entusiasmo. El problema no es la palabra en sí, sino el hábito de calificar todo de manera general sin explicar por qué algo resulta interesante o destacable.

Por último, la expresión “no puedo”. La IA la liga a una postura de enfrentar ciertas dificultades antes de explorar alternativas. Aun así, no hay base para concluir que usarla implica una menor capacidad intelectual.

Más allá de fijarse en palabras aisladas, el análisis subraya la importancia de la capacidad de argumentar, de incorporar información nueva, de reconocer matices y de explicar ideas con claridad. La inteligencia no se reduce a un rasgo único ni puede medirse sólo por la forma de hablar. Incluso el concepto clásico de coeficiente intelectual resulta insuficiente para describir la amplitud de habilidades que puede desarrollar una persona.

Diversos estudios a lo largo de los años han explorado factores vinculados al desarrollo cognitivo, la comunicación y las condiciones que dan forma a las capacidades humanas, recordando que el lenguaje es una pieza del rompecabezas y no su totalidad.