Durante la edición 22 de Ekoparty, el investigador Anton Dolgalev, de la firma rusa Group-IB, presentó un estudio sobre la creciente “industrialización” del crimen cibernético en América Latina. Según su análisis, el modelo Everything-as-a-Service (todo como servicio) se extiende al delito digital, poniendo a disposición de los actores herramientas y plataformas listas para usar, sin que el estafador tenga que desarrollar la infraestructura técnica desde cero. El informe identifica seis categorías de servicios criminales que operan en distintos mercados regionales, desde sitios de phishing y malware hasta accesos a equipos ya infectados y fraude telefónico asistido por inteligencia artificial.

Una de las conclusiones centrales es que estas plataformas permiten dividir el trabajo entre quienes crean y mantienen la infraestructura y quienes ejecutan las campañas para captar víctimas. Dolgalev señaló que la modalidad no es exclusiva de un país, pero mostró que Argentina figura de forma destacada en su muestra: en la plataforma conocida como Classiscam, el país representó el 14,3% de las operaciones latinoamericanas, empatando en esa cifra con Chile.

El equipo también identificó dominios y páginas preparadas para hacerse pasar por servicios muy conocidos en Argentina, especialmente Mercado Libre y Mercado Pago. Subraya que la presencia de estos nombres no implica una vulnerabilidad en esas plataformas, sino que son usados por los criminales por su reconocimiento y credibilidad entre los usuarios locales.

El concepto de Crimen como servicio queda así entendido como una modalidad en la que distintos actores aprovechan herramientas y entornos ya existentes para ejecutar estafas, reduciendo la necesidad de desarrollar soluciones propias. En el marco de Classiscam, estas plataformas ofrecen páginas fraudulentas preconfiguradas para diversos países, servicios y monedas, permitiendo a diferentes actores colaborar: unos crean la infraestructura y otros salen a buscar víctimas.

Dolgalev explicó a Clarín (medio que cubrió la conferencia) que este tipo de esquemas se repiten en varios países, con bancos, plataformas de pago y divisas propias de cada mercado, lo que facilita adaptar estafas a realidades regionales. En síntesis, la investigación apunta a una transformación amplia del ciberdelito en la región, donde delincuentes pueden alquilar, comprar o utiliza herramientas de fraude, sin la necesidad de desarrollar capacidades técnicas desde cero.