Cuando Parachutes llegó a las bateas en julio de 2000, Coldplay era una banda de Londres con un puñado de EPs y ninguna certeza. Un cuarto de siglo después, el disco sigue siendo el mapa de todo lo que vendría: melodías que crecen despacio, un piano que ordena el caos y una voz que prefiere la contención al grito.


Coldplay en vivo durante la gira Viva La Vida, en Dallas. Foto: Matthew T Rader (CC BY-SA)
Coldplay en vivo durante la gira Viva La Vida, en Dallas. Foto: Matthew T Rader (CC BY-SA)

La canción que ordenó el resto

Tercer corte del álbum, Trouble nació de una línea de piano que Chris Martin repetía en los ensayos casi por costumbre. Sobre esa base, la banda armó una canción sobre la culpa que no necesita levantar la voz para doler.

La estructura es casi elemental: piano, batería con escobillas, un bajo que sostiene sin adornar. Pero ahí aparece por primera vez la marca de fábrica del grupo — dejar aire entre los instrumentos y confiar en que el silencio también dice algo.

El corte que los puso en el mapa

Si Trouble definió la identidad, Yellow abrió la puerta comercial. Publicado meses antes, fue el primer single de la banda en entrar al top 5 británico y el que la sacó del circuito de clubes para llevarla a los festivales.

Veinticinco años más tarde, con estadios agotados en todo el mundo, el catálogo de Coldplay sigue volviendo al mismo punto de partida: un piano, una idea simple y la decisión de no apurarla.