En la fase final del proceso ante el Tribunal de lo Penal de París, el fiscal Philippe Courroye afirmó que la muerte de Federico Martín Aramburu respondió a una persecución planificada, nacida de la humillación sufrida por Loïk Le Priol durante una discusión en el bar Mabillon. Según Courroye, la secuencia de hechos derivó en una acción violenta coordinada, descrita por el fiscal como una operación de “caza” contra la víctima.
Aramburu, ex jugador de Los Pumas, tenía 42 años cuando recibió varios disparos en Biarritz el 19 de marzo de 2022. Aquella mañana, su esposa María estaba en el País Vasco junto a sus tres hijos al recibir la noticia de la muerte de su marido. En las jornadas finales del juicio, Courroye, de 67 años, dio inicio a su alegato con la intención de defender la ley con imparcialidad e integridad.
La reconstrucción citada por L’Equipe sitúa a Le Priol y a Romain Bouvier como jóvenes con recursos y capacidades, pero marcados por una inmadurez que el fiscal considera relevante. Le Priol había aprobado las pruebas para ingresar a fuerzas especiales de élite y podría haber seguido una carrera militar. Bouvier, por su parte, fue descrito como alguien con aptitudes para la oratoria y, en otros contextos, podría haber ejercido como abogado penalista.
Courroye ubicó al Grupo de Unión y Defensa (GUD) como el nexo entre Le Priol y Bouvier. La agrupación, disuelta en 2024, fue descrita como un ámbito atravesado por discursos identitarios, violencia y fascinación por las armas. Aunque el fiscal aclaró que no buscaba convertir el juicio en un debate político, sostuvo que ese marco definía parte de la personalidad de los acusados y su relación con la violencia.
El fiscal también trazó una imagen de dos relaciones que, según él, formaban una “máquina mortal”: la de Bouvier y Le Priol, descritas como una dupla inseparable, y la de Le Priol con Lyson R, ex pareja del principal acusado, quien manejó la camioneta que llevó a uno de los autores al lugar del hecho. Este entramado, señaló, condujo a la muerte de Aramburu en circunstancias que describió como absurda, en el sentido que sugiere Camus.
La premeditación figura como eje central de la acusación. Testigos, entre ellos un camarero y un portero, afirmaron haber visto un arma y un brazalete policial, así como oír a Le Priol reiterar amenazas contra la víctima. Un testigo detrás de los dos rugbystas dijo haber presenciado insultos y expresiones intimidatorias por parte de Le Priol.
Con estas pruebas, el fiscal cerró su alegato, subrayando que la acción criminal respondió a una planificación previa y a una respuesta violenta ante una humillación previa.



