En la tercera y última semana del juicio en París, Loïk Le Priol respondió preguntas ante el tribunal por el asesinato de Federico Martín Aramburu, exrugbyista de la selección argentina que integró el equipo que terminó tercero en el Mundial 2007. Aramburu fue muerto tras una pelea en un bar parisino el 19 de marzo de 2022; Le Priol figura como principal acusado por la cantidad de disparos efectuados, seis, varios de los cuales fueron mortales.

Durante su extensa declaración, el acusado aseguró haber reaccionado por un impulso ligado a su experiencia militar y negó haber planificado el homicidio. El veredicto se conocerá el próximo viernes y, de prosperar la acusación, podría enfrentar una pena de prisión de por vida.

Le Priol afirmó que sus cinco años de prisión le permitieron revisar su conducta, que describió como marcada por el alcohol, el manejo de armas y una cultura de confrontación. Admitió que podría tener una relación particular con la violencia y sostuvo que, a pesar de sus defectos, siempre buscó mostrarse valiente. Entre los aspectos que señaló como posibles fallas figuran el consumo de alcohol, la posesión de armas y conductas de riesgo. También indicó que las dos semanas de audiencias funcionaron para él como un verdadero psicoanálisis, según la síntesis periodística de L’Equipe.

Sobre el impacto del crimen, Le Priol dijo que no es menor haberle quitado a Aramburu un padre y un esposo, y reconoció depender de la opinión ajena, sin saber afrontar el fracaso tras su salida de la estructura militar y de los comandos.

El acusado vinculó parte de su conducta a su pasado en las fuerzas, citando una supuesta masculinidad tóxica dentro del Ejército y la dificultad de distinguir entre la vida militar y la civil. Negó haber sido procesado o condenado por racismo y afirmó haber sido influido por ideas del grupo de ultra derecha GUD.

El consumo de alcohol ocupó gran parte de su relato. Describió una madrugada en Mabillon, en la que habría ido al bar para tomar una última copa tras haber bebido vino, cerveza y digestivos. En lo relativo a las armas, admitió que llevaba una pistola de forma habitual y afirmó que mantenía una relación desordenada con las armas, considerándola normal en su entorno.

El presidente del tribunal, Franck Zientara, planteó si la conducta de Le Priol constituía una amenaza para la seguridad pública; el acusado admitió que efectivamente podría hacerlo, atribuyendo la normalización del armamento a su entorno de soldados y excombatientes. En un video de 2020, grabado de madrugada en un departamento cercano a Aix-en-Provence, los tres implicados aparecían ebrios y armados; al verlo junto a los otros, Le Priol comentó que aquello mostraba lo peor de la situación.