Un nuevo formato de establecimiento busca convertir la inteligencia artificial en un servicio accesible dentro de un espacio físico. La premisa es simple: al consumir una bebida, el cliente obtiene acceso a capacidades de IA mientras permanece en el local, sin necesidad de suscripciones ni contrataciones externas de procesamiento.

La mecánica consiste en que, tras realizar la compra, la persona puede utilizar la infraestructura de IA disponible en el lugar. En lugar de depender de planes de nube o de equipos propios, se aprovechan los recursos que el local pone a disposición durante la estancia.

Este modelo ya se ve en varios mercados, entre ellos Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Alemania y China, con variaciones según cada establecimiento. El común denominador es convertir la IA en un servicio que funciona dentro de un punto físico.

A diferencia de una cafetería tradicional, estos bares no se limitan a ofrecer wifi: cuentan con hardware capaz de ejecutar modelos de IA y permiten que los clientes se conecten desde sus propios dispositivos para usar esos recursos.

Quien llega puede hacerlo con su portátil, conectarse a la red interna y realizar tareas como programación, generación de contenidos, análisis de datos o pruebas con modelos de IA.

El acceso suele gestionarse mediante una red local, un código QR u otros sistemas implementados por el local. El consumo de recursos se mide a través de tokens, aunque hay lugares que permiten uso ilimitado durante la visita.

La propuesta cambia además la función de estos espacios: pueden convertirse en puntos de encuentro para desarrolladores, estudiantes, investigadores y emprendedores que necesitan herramientas de IA para avanzar en sus proyectos.

La bebida ya no es el único producto; el local pone a disposición su infraestructura tecnológica, algo que normalmente requeriría contratar por separado.

Se parece, en cierta medida, a un coworking, pero con un componente extra: no solo se ofrece espacio y conectividad, sino también capacidad de procesamiento para IA.

La aparición de este concepto en distintas regiones indica una búsqueda por acercar la IA al público de nuevas formas. No hay un modelo único: algunos locales se enfocan en herramientas específicas, mientras otros ofrecen acceso a infraestructuras para que el cliente trabaje en sus proyectos. En definitiva, la idea central es sacar la IA de la pantalla y convertir su potencia de procesamiento en un servicio tangible dentro de un local.