La idea de que la privacidad online depende de activar ciertas funciones -modo incógnito, cifrado de comunicaciones o herramientas para evitar el rastreo- es común, pero no asegura una seguridad absoluta. En ese marco, Roger Dingledine, uno de los fundadores de Tor y referente global en temas de privacidad y anonimato digital, subrayó que existen límites que los usuarios deben conocer.
“No existe tal cosa como la privacidad perfecta”, afirmó el experto durante su intervención en Nerdearla, el encuentro de tecnología donde analizó cómo funciona la vigilancia en la web, qué información puede revelarse con una conexión y por qué, en ciertos casos, incluso el cifrado no basta para evitar el seguimiento.
Dingledine explicó que toda reflexión sobre privacidad debe partir de la pregunta de a quién queremos proteger y qué datos queremos mantener fuera de nuestro alcance. En seguridad informática, ese enfoque se denomina modelo de amenazas y, apuntó, depende de qué es lo que realmente preocupa al usuario.
Un aspecto frecuentemente ignorado es el papel de los metadatos. Aunque el contenido de una comunicación esté cifrado y no pueda leerse por terceros, la información contextual que rodea esa transmisión puede permitir reconstruir parte de la actividad de una persona.
Tor, la red diseñada para aumentar la privacidad y el anonimato en la navegación, se apoya en el enrutamiento cebolla (onion routing), que distribuye el tráfico entre varios nodos y aplica varias capas de cifrado a lo largo del recorrido.
Los orígenes de Tor se remontan a mediados de la década de 1990, cuando los investigadores del Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos (NRL) David Goldschlag, Michael G. Reed y Paul Syverson trabajaron en un sistema para dificultar la identificación de quién se comunicaba con quién.
A comienzos de los 2000, el MIT dio un paso adicional cuando Dingledine, aquí recién graduado, colaboró con Syverson en una nueva versión del proyecto. Junto a él se unió Nick Mathewson, compañero del MIT, y ambos junto a Dingledine son considerados los creadores originales de Tor.
La red inició operaciones en 2002 y, desde el inicio, su código fue publicado como software libre y de código abierto. En 2006, cuatro años después de su debut, se creó The Tor Project, una organización sin fines de lucro destinada a mantener y desarrollar la plataforma. En lugar de apuntar directamente a una conexión usuario-sitio, Tor busca dispersar el trayecto para dificultar la trazabilidad de la actividad online.



