Durante buena parte del año, el escenario para Argentina parecía más bien estable: la inflación cedía, el saldo fiscal era favorable y el dólar mostraba movimientos relativamente tranquilos. Sin embargo, esas señales comenzaron a cambiar en las últimas semanas y el riesgo país respondió con fuerza, escalando un 18% en septiembre para situarse en 600 puntos, su cota más alta desde principios de abril.

Tres preocupaciones se entrelazan y alimentan entre sí. La primera es un contexto internacional menos favorable. El conflicto en Medio Oriente mantiene el precio del petróleo elevado —el Brent se mantiene cercano a los 100 dólares por barril luego de que Estados Unidos no aceptara la propuesta de paz de Irán— y eso alimenta la presión inflacionaria en Estados Unidos, donde los indicadores señalan una inflación cercana al 3,5% anual.

En ese marco, la Reserva Federal subió su tasa en 25 puntos básicos, dejándola en un rango de 3,75% a 4%. Es la primera alza desde julio de 2023 y el mercado ya descuenta la posibilidad de un nuevo incremento antes de cierre de año. Los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años alcanzaron 5,24% y los de 30 años llegaron a 5,50%. Con estos rendimientos en los activos más seguros, el capital busca refugio y se restringe hacia emisores de mayor riesgo. A pesar de la fortaleza de la economía estadounidense, impulsada por mejoras de productividad y la adopción de inteligencia artificial, ese dinamismo da a la Fed argumentos para mantener la postura restrictiva.

Para Argentina, el dilema está en el timing. En 2027 debe refinanciar aproximadamente USD 25.000 millones de vencimientos, en un año que ya trae consigo un entorno político cargado por elecciones presidenciales y legislativas.

La segunda preocupación está ligada a la primera. Cuando el riesgo país se movía en torno a 400 puntos (enero y junio), el Gobierno no aprovechó para emitir deuda en mercados internacionales. Hoy, por encima de 604 puntos, esa vía parece prácticamente cerrada, y también se complican las colocaciones en dólares en el mercado local. El AO29, bono emitido en la plaza doméstica, rinde cerca del 13% anual, una tasa que el Gobierno no está dispuesto a aceptar.

Sin crédito disponible, la opción sería que el Banco Central (BCRA) absorba más dólares para financiar al Tesoro, pero las compras de divisas se desaceleran. En agosto, el banco adquiría, según Banco Galicia, un promedio de US$ 39 millones por día; en septiembre bajó a US$ 14 millones, y la semana pasada apenas promedió US$ 6 millones diarios, con una rueda sin compras. En el mercado interpretan que el BCRA compra menos para no presionar el tipo de cambio, y eso agranda la caída de liquidez para el Tesoro.