Rosario Central y Estudiantes de La Plata llegaron a la final de la Supercopa Internacional con cuentas pendientes y un clima cargado de chispas entre dirigentes. El choque, que se disputó en el estadio Madre de Ciudades, en Santiago del Estero, contó con Darío Herrera como árbitro central y Jorge Baliño en el VAR. Herrera venía de dirigir un clásico de Córdoba (Instituto vs Talleres), registro que encendió señales de alerta para la terna en un encuentro de alto voltaje. A pesar de ello, Federico Beligoy, designador y secretario general del gremio de árbitros, ratificó su elección para este encuentro caliente.

La previa ya advertía de complicaciones: varios micros de la hinchada de Estudiantes quedaron trabados en la ruta y llegaron 28 minutos después del inicio. En el palco, Claudio “Chiqui” Tapia observaba el partido, y la contienda se convirtió en una pulseada entre Gonzalo Belloso, presidente de Rosario Central, y Juan Sebastián Verón, máximo dirigente del Pincha, sumando tensión al encuentro.

En lo futbolístico, la balanza se inclinó temprano: Estudiantes abrió la cuenta y Central igualó con un remate de Di María tras un tiro libre. Pero la historia tomó un giro decisivo cuando, a los diez minutos de la primera mitad de los 12 anunciados de tiempo de descuento, Leandro González Pírez contactó a Enzo Copetti en el área. Copetti simuló con intensidad, el árbitro no marcó de inmediato y Baliño indicó revisión en el VAR. Tras el análisis, se cobró un penal pese a la falta de una repetición concluyente que mostrara un contacto inequívoco, y que además pudo haber ocurrido fuera del área, según los intérpretes de la jugada. El cobro desató el debate entre ambos bandos.

El entrenador de Estudiantes, identificado como “Cacique” Medina, no ocultó su sorpresa ante la decisión, mientras Verón, en la tribuna, gesticulaba y respondía con expresiones ambiguas ante la escena. A partir de ese momento, el partido respiró con mayor carga emocional, trasladando la discusión a la organización del encuentro y al rol del VAR en un choque de alta exposición mediática.

El encuentro dejó claro que, más allá de lo deportivo, la jornada estuvo marcada por incidentes previos, demoras, y decisiones arbitrales que alimentaron un ambiente de tensión permanente entre las gestiones de ambos clubes y la autoridad del árbitraje.