En las últimas semanas se advierte un giro en la postura de Milei: ya no se limita a discursos escenográficos, sino que asume un rol activo en las negociaciones internas de su coalición, con la mira puesta en la reelección. La conversación interna pasa a primer plano en medio de la puja por consolidar un bloque libertario que resista las tensiones habituales de la política.

Durante su reciente visita a la provincia de Buenos Aires, Milei dio señales de control sobre la interna de La Libertad Avanza, exhortando a mantener abiertos los frentes y a incluir a todos los sectores en la competencia interna. En ese marco, se pidió que ningún candidato a intendente inicie campaña antes de febrero, subrayando que la prioridad del momento es la reelección y que nadie debe quedar afuera.

A nivel interno, persisten recelos y posibles fisuras entre distintos actores del espacio. Se mencionó, en tono prudente, la posibilidad de que Milei y Patricia Bullrich participen de una misma PASO, aunque una parte de los dirigentes relativiza esa opción y sostiene que ahora lo técnico es sostener la campaña presidencial y evitar desorganización.

Karina Milei —quien ejerce influencia dentro de la estructura del movimiento— sospecha que Bullrich podría apostar a presionar para forzar una interna si se dan las condiciones, aunque otros referentes dentro del bunk no dan certezas al respecto. Gobernadores cercanos a Diego Santilli señalan que, por ahora, no hay giro hacia las PASO y buscan acordar un marco electoral para avanzar en acuerdos legislativos y, a la vez, conseguir apoyos para el Presupuesto 2027.

Para ganar apoyos, Milei prevé llevar a una decena de dirigentes a París, para la Argentina Week, con el objetivo de sumar respaldos y asegurar gobernabilidad ante los mercados. En paralelo, se negocia con aliados el respaldo al presupuesto y la gestión en el Congreso.

La discusión actual ya no se reduce a si habrá o no PASO, sino a la posibilidad de “primarias con variantes” que cambien el tablero electoral. Entre las propuestas aparece la opción de que, si hay una lista única, la PASO no sea obligatoria; otra variante propone que el ganador de la primaria presidencial pueda designar como vicepresidente a alguno de los rivales que enfrentó.

La novedad central es que la política está buscando reformular las reglas para evitar caídas cíclicas y la trampa del internally tradicional, algo que, según algunos analistas, podría evitar el desgaste de septiembre de 2025, cuando el resultado en la provincia de Buenos Aires pareció abrir una ventana a la corrida cambiaria y a la percepción de vulnerabilidad del gobierno en octubre.

En ese marco, la estrategia de invocar o señalar al fantasma del retorno del eje Kirchnerista aparece como un arma de doble filo: podría consolidar a la base anti-K, pero también generar nerviosidad en los mercados y en el propio electorado, si la narrativa resulta excesiva o mal calibrada.