En su charla en Nerdearla, el informático subrayó que proteger la privacidad en la red no depende solo de activar herramientas como el modo incógnito o el cifrado, sino que existen límites que deben conocerse. Señaló que no hay privacidad absoluta y que esa afirmación debe asentarse en un planteo práctico: qué es lo que se quiere evitar y a quién se quiere proteger, concepto conocido en seguridad informática como modelo de amenazas. Según él, la utilidad de Tor depende de qué aspectos de la información generan preocupación para cada usuario.
Uno de los puntos relevantes que planteó es que la comunicación puede estar cifrada, pero fuera de ese contenido hay otros elementos —los metadatos— que permiten reconstructir, al menos parcialmente, la actividad en línea de una persona. Ese conjunto de información contextual, afirmó, puede ser tan revelador como el propio mensaje.
Tor, la red orientada a incrementar la privacidad y el anonimato, se basa en una técnica conocida como onion routing, o enrutamiento cebolla. Este sistema reparte el tráfico entre múltiples nodos y aplica capas de cifrado a lo largo del recorrido para dificultar la trazabilidad.
Los orígenes de Tor se remontan a mediados de los años 90, cuando los investigadores del Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos David Goldschlag, Michael G. Reed y Paul Syverson exploraron formas de comunicar sin revelar quiénes se estaban comunicando. A comienzos de los 2000, Roger Dingledine, tras graduarse en el MIT, se sumó a Syverson para desarrollar una nueva versión del sistema, al que dio el nombre Tor —The Onion Routing—; poco después se incorporó Nick Mathewson, también ex alumno del MIT. Los tres figuran como los diseñadores originales de Tor.
La red empezó a funcionar en 2002 y desde el inicio su código fue liberado como software de libre acceso. En 2006, cuatro años después de su puesta en marcha, se creó The Tor Project, una organización sin fines de lucro dedicada a continuar su desarrollo y mantenimiento.
En lugar de establecer una conexión directa entre el dispositivo del usuario y el sitio al que quiere acceder, Tor redirige el tráfico a través de una serie de nodos, aplicando distintas capas de cifrado para disminuir la probabilidad de identificar al usuario.



