La economía argentina cerró un año con vaivenes, presentando una especie de serrucho: avances y retrocesos que, para el oficialismo, no se reflejan con precisión en la operativa del Indec. Frente a esa oscilación entre números en rojo y en verde, el Gobierno sostiene que la dinámica real fuera de las planillas del instituto no se ve de forma fiel en el EMAE, y que conviene leer la actividad con otra clave. Los economistas, por su parte, coinciden en que hay que interpretar las cifras con cautela, pero cuestionan el énfasis en un único indicador promovido por la gestión de Milei.

La lectura del año se tensionó tras la caída del EMAE de julio, de 2,9%, y la contracción del PIB en el segundo trimestre, de 0,6%. En ese marco, las autoridades destacaron que el dato mensual desestacionalizado quedó desactualizado ante lo que atribuyen a un cambio estructural en la economía y decidieron privilegiar otra serie oficial para sostener que la actividad continúa en expansión, aunque a un ritmo menor.

El presidente, Javier Milei, salió al cruce de la interpretación puramente mensual y afirmó que lo que hay es una desaceleración en la velocidad de crecimiento. Señaló que, cuando se recurre a indicadores desestacionalizados, se basan en patrones históricos y pueden perder precisión frente a transformaciones profundas de la economía. En ese sentido, enfatizó que la Casa Rosada centra su atención en la serie de “tendencia‑ciclo”, la cual depura movimientos puntuales y ofrece una lectura sobre la dirección general, ante la presencia de cambios estructurales.

El ministro de Economía, Luis Caputo, respaldó esa lectura y señaló que el EMAE desestacionalizado exhibe volatilidad que no refleja la realidad subyacente. Según él, la economía atraviesa cambios estructurales y, aun cuando un mes suba y otro baje, la serie de tendencia‑ciclo presenta un cuadro de 29 meses de expansión, aunque con menor ritmo. Indicó, además, que, según esa métrica, la economía estaría creciendo alrededor de 0,2% mensual; dejó entrever que las señales de agosto y septiembre podrían fortalecerse por proyectos como la obra vial, las líneas de crédito hipotecario y la llegada de inversiones vinculadas a regímenes incentivados, entre otros factores.

En respuesta, varios economistas advirtieron que, si bien no deben descartarse variaciones coyunturales, es imprescindible no depender exclusivamente de un único índice para evaluar la situación real. En ese marco, reclamaron un análisis más holístico que cruce distintas series para entender el estado de la economía y no quedarse en una lectura aislada de un mes.

En síntesis, el Gobierno propone un cambio de óptica para medir la actividad: mirar la tendencia‑ciclo y dejar atrás la desestacionalización cuando, dicen, hay transformaciones estructurales profundas. Los economistas, aunque reconociendo la necesidad de prudencia, advierten sobre la sobreinterpretación de un solo indicador y piden un marco analítico más completo para explicar la economía real.