Bitcoin nació como la primera criptomoneda del mercado, creada en 2008 por una entidad bajo el seudónimo Satoshi Nakamoto. Su propósito era ofrecer una moneda digital descentralizada que cuestionara el papel de bancos y organismos reguladores, especialmente tras la crisis financiera global de aquel año.
El triunfo de Donald Trump en las elecciones estadounidenses a fines de 2024 impulsó expectativas positivas para las cripto, y Bitcoin superó la barrera de los 107.000 dólares por unidad luego de que se anunciara la idea de constituir una reserva estratégica en BTC en Estados Unidos.
De cara a este año, las criptomonedas seguirán en el centro de atención ante las iniciativas del gobierno de Estados Unidos y el avance de modelos de inteligencia artificial. Tras la presentación del modelo DeepSeek, desarrollado por una firma china, BTC y otras cripto registraron caídas en la mayoría de los mercados.
En este domingo, el precio de Bitcoin para las 14:00 horas (UTC) se ubica en 80.447,39 dólares. El activo mostró una variación de -0,95% en las últimas 24 horas y una variación de 0,0% en la última hora.
En términos de capitalización, Bitcoin ocupa el primer lugar entre las criptomonedas más populares.
En marzo del año pasado, Bitcoin alcanzó un nuevo máximo histórico, acercándose a los 73.000 dólares, en medio de un flujo de inversiones sin precedentes hacia el sector de las criptomonedas y de un crecimiento destacado para el ecosistema.
Este repunte se produce en un contexto de creciente interés y confianza de los inversores, indicio de una mayor visibilidad y estabilidad para el mercado cripto, según análisis citados por Bloomberg.
Los analistas señalan factores que impulsan este aumento: mayor adopción institucional, búsqueda de alternativas de inversión ante la incertidumbre económica global y la innovación continua en la tecnología blockchain que respalda a Bitcoin y otras divisas digitales.
Para comprar o intercambiar estas monedas se recurre a plataformas especializadas; el precio varía según oferta y demanda y puede moverse más rápido que el dinero tradicional. A mayor interés de compra, mayor es el valor del activo.
Quien invierte en estas monedas debe tener en claro que comportan volatilidad y riesgos varios, incluidos aspectos regulatorios y de seguridad que pueden afectar sus rendimientos.



