La nota parte de la idea de que los megamillonarios generan desconfianza, y las compara con los llamados “robber barons” del siglo XIX, cuyo auge estuvo regulado por la ley. En la mirada actual, estos magnates conservarían privilegios y, además de defender intereses y buscar influencia, intentarían imponer visiones propias para el mundo, como propuestas sobre cambios en hábitos de consumo para enfrentar el cambio climático.
El autor admite que no había seguido de cerca a Elon Musk hasta hace unos años. Le llamaba la atención la mala prensa que recibía, en contraste con la admiración con la que suelen ser vistos otros grandes flous de la tecnología, y con la imagen previa de Musk como posible paladín de un mundo mejor. Esa tensión contrasta con la idealización pública de otros empresarios como Bill Gates y con el llamado “lado B” que también se discute sobre ellos.
A medida que investigaba, el periodista leyó biografías y detectó sorpresas. Entre ellas, la vida privada de Musk, que se traduce en una estructura familiar extensa —14 hijos con distintas parejas— y un discurso público que sitúa la baja natalidad como un problema para ciertos países. En unos casos coincidía con hipótesis previas, en otros mostraba una cara distinta a la de la persona más rica del mundo; además, no solo opina, sino que actúa de manera diferente a otros líderes tecnológicos.
Se señala que varias de estas empresas han derivado en monopolios naturales de internet, en gran medida por la Sección 230 de la Ley de Telecomunicaciones (1996), que exime de responsabilidad a las plataformas por lo que se publica en ellas. Este marco ha dificultado procesos judiciales, especialmente frente a tecnologías tradicionales como radio y TV, y ahora se discuten cambios para equilibrar la rendición de cuentas.
Sobre la Sección 230, el artículo comenta que Trump, irritado por la censura de redes durante la última elección, podría haber intentado derogarla. Sin embargo, la lectura que se propone es otra: esas mismas figuras y el mandatario forjaron una alianza para enfrentar a China en materia de IA, con frecuentes visitas a la Casa Blanca y cenas de alto nivel, señales de una relación estrecha entre poder corporativo y el gobierno.
En conjunto, el texto concluye que, incluso con tensiones y críticas, persiste un vínculo estrecho entre intereses empresariales y política en EE. UU., que termina marcando el rumbo de las grandes tecnologías actuales.



