Tesla avanza con una renovada estrategia para que su tecnología de conducción asistida Full Self-Driving (FSD) pueda operar en la Unión Europea. La firma de Elon Musk está presionando a los reguladores del bloque para alcanzar una aprobación que cubra los 27 Estados miembros, apoyándose en una mezcla de cabildeo directo, estudios propios y movilización pública en redes sociales.

Una investigación de Reuters detalla que la narrativa de la empresa posiciona a las agencias de seguridad vial como obstáculos burocráticos que frenan una tecnología que, desde la óptica de Tesla, podría salvar vidas. Aunque este enfoque ha logrado avances en varios mercados europeos, también genera cuestionamientos sobre la solidez científica de las afirmaciones de la compañía y sobre la independencia de los procesos de evaluación.

Un hito importante fue la aprobación de Países Bajos, que abre la ruta hacia una votación a escala continental que los reguladores de los 27 países podrían definir en las próximas semanas. Esta decisión neerlandesa reviste especial relevancia en el marco de la homologación de la UE, que exige que, para avanzar hacia una certificación conjunta, un Estado miembro respalde previamente la tecnología.

En paralelo, siete países de la Unión Europea ya otorgaron autorizaciones nacionales para la tecnología de asistencia al conductor de Tesla. Entre ellos se encuentra la República Checa, Bélgica y Dinamarca. Es importante aclarar que estas aprobaciones nacionales no equivalen a una certificación para operar el sistema sin restricciones en toda la UE ni a una homologación de conducción autónoma total.

El Full Self-Driving, promovido por la compañía como un tránsito hacia la conducción autónoma, aún no cuenta con autorización para funcionar de forma ilimitada en el conjunto de la Unión. Por ahora, su despliegue se limita a sistemas de asistencia al conductor aprobados país por país.

Según la revisión de correspondencia realizada por Reuters, Tesla intentó en varias ocasiones reducir la intensidad del examen que impuso el regulador neerlandés RDW, logrando, en parte, fijar los términos y métodos bajo los cuales se evaluaría la tecnología. Cinco expertos en regulación de vehículos autónomos consultados por la agencia expresaron preocupación por la aparente cordialidad de las respuestas del RDW, que podrían sugerir objetivos compartidos o mutuos con el fabricante y generaron dudas sobre la imparcialidad del proceso.

Consultado por Reuters, el RDW no comentó sobre su correspondencia con Tesla ni sobre los datos presentados por la empresa para otros mercados. En un comunicado, el organismo afirmó que evalúa de forma objetiva e independiente los sistemas de asistencia de todos los fabricantes y añadió que la colaboración con una casa automotriz es parte habitual del proceso de evaluación.