El CEO de Nvidia, Jensen Huang, planteó que el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial en los próximos años estará condicionado por la capacidad de generación de energía sostenible, lo que podría derivar en un mayor consumo de combustibles fósiles si no se incrementa la oferta de energía limpia. Sus observaciones surgieron durante una entrevista con Ezra Klein para The Ezra Klein Show, en la que se exploró la relación entre la IA y el futuro energético global.

Para respaldar su argumento, Huang empleó una analogía médica: a veces, para salvar una vida es necesario atravesar etapas dolorosas; de igual modo, sostuvo que la implementación de la IA podría implicar costos y sacrificios iniciales para obtener beneficios a largo plazo.

El empresario también cuestionó que Estados Unidos no haya construido suficientes plantas de combustibles fósiles y señaló que las políticas climáticas han entorpecido la planificación energética, sosteniendo que la obsesión por la descarbonización ha complicado la producción de energía.

Durante la charla, Huang mencionó la creciente resistencia de comunidades locales ante la instalación de nuevos centros de datos y exhortó a las empresas del sector a comunicar con anticipación a los vecinos los posibles beneficios de eficiencia que traerían estas infraestructuras antes de iniciar las obras. Si las comunidades manifiestan que no quieren centros de datos en su localidad, dijo, está bien; pero si el proyecto se va a hacer, las empresas deben informar de qué se trata.

Aun reconociendo el impacto ambiental de la industria, Huang afirmó que la IA representa, a largo plazo, la mejor oportunidad para “dar un giro” al cambio climático, al sostener que la tecnología podría impulsar una mayor demanda de energía limpia en el futuro, a medida que se despliecen soluciones más eficientes y limpias.

El marco global citado para contextualizar la discusión fue el Acuerdo de París de 2015, adoptado por la mayoría de los países, que fija como objetivo reducir a la mitad las emisiones para 2030 y alcanzar cero emisiones netas hacia 2050, metas que dependen de una transición rápida hacia energías libres de carbono, como las renovables y la energía nuclear.

Entre los impactos ya documentados del cambio climático figuran la proyección de una pérdida prácticamente total de arrecifes de coral y el hecho de que 770 millones de personas ya enfrentan un “riesgo agudo” por el aumento del nivel del mar, datos que refuerzan la urgencia de avanzar en una transición energética más acelerada.