El estadio Monumental fue escenario de una despedida que dejó claro el peso de Lionel Messi para la Selección Argentina. A medida que se acercaba el evento, una multitud vistiendo celeste y blanco se fue acercando al recinto, decidido a agradecerle al capitán de la Albiceleste. En el marco de un encuentro frente a Benín, la gente dejó de lado cualquier duda sobre el rival y se concentró en la figura de Messi: era él, una y otra vez.
La gente llegó desde muy temprano y dejó ver su intención de estar presentes, con cánticos de gratitud y un ánimo que anunció la magnitud del momento. En las tribunas, se notaba un sinfín de expresiones dedicadas al astro rosarino: desde gritos de “gracias, Leo” hasta eslóganes que repetían la idea de que este era un día para agradecer al capitán.
Entre los asistentes apareció un abanico de historias. Gabriel, con su hijo pequeño acurrucado entre su camiseta y su abrazo, confesó que había venido solo para agradecer, sin importarle el precio de las entradas. Su hijo, un niño de apenas cuatro años, estaba disfrazado de Messi, una imagen que buscaba transmitir la emoción del momento.
La jornada también mostró el alcance popular de la convocatoria: una persona, Noel, de alrededor de 50 años, se acercó con sus amigas para expresar que Messi es un ejemplo que podría trascender más allá del fútbol. Catalina, de 20 años y oriunda de Banfield, llegó bien temprano junto a su hermano Manuel (17) y su abuelo Francisco (75). Ellos encontraron espacio en la Centenario Alta, que se mostraba abarrotada y con aficionados parados, ocupando incluso las escalinatas.
Otros detalles pintaban la escena de un día especial: Jun, quien se presentó con una campera de cuero y gafas oscuras, aseguró haber cerrado su tienda para poder estar presente. Sus compañeros, en su mayoría empleados chinos, lucían banderas de China como capa y esperaban, como el resto, poder agradecer a Messi de manera personal.
En torno a la previa y las rondas de acceso, la atmósfera estuvo marcada por muestras de gratitud y por la sensación de que se estaba viviendo una jornada histórica. El grito que coronó la llegada de los once protagonistas se hizo más fuerte cuando saltaron al césped, desatando un estallido de aplausos y emociones que parecían resonar en toda la ciudad.
En definitiva, lo ocurrido en el Monumental se tradujo en una despedida que, más que un partido, fue una muestra masiva de reconocimiento hacia Messi, el capitán de la Albiceleste, cuyo compromiso quedó grabado en la memoria colectiva de los aficionados.



