Dentro del Ejecutivo circulan señales que advierten sobre posibles dificultades para Caputo, conocido como “Toto”, en medio de una economía que ya podría estar en recesión técnica. Esas inquietudes provocaron una pausa en el ánimo oficial después de la contienda brasileña, que consagró a Bolsonaro y dejó a Lula como factor político relevante en el escenario regional.

En una lectura general, tras el triunfo de la dupla bolsonarista no se vislaban, al menos, grandes enseñanzas electorales que redefinan las estrategias presentes. Los gobiernos que buscan reelegirse suelen encontrarse con obstáculos similares; la izquierda aparece envejecida, con discursos y diagnósticos poco renovados para afrontar nuevas condiciones materiales y subjetivas de las masas. La ola ultraderechista parece estirar su favela de apoyos hasta otros sectores.

Si se logra superar esa impresión, es posible que las cosas no resulten tan funestas. Pero es claro que el Ejecutivo y sus mandantes deberían atender el malestar que atraviesa el ambiente público. Por otro lado, la izquierda enfrenta serias dificultades para articular propuestas contundentes y moderadas que no asusten a votantes moderados si se pretende ganar urnas, no solo testimoniar.

Un tema recurrente es la dificultad de definir una sucesión de liderazgos fuertes, en lo histórico y en lo coyuntural; esa cuestión permanece como un patrón persistente. A su vez, los gobiernos progresistas han encontrado serias trabas para asentarse, pese a haber satisfecho necesidades básicas de amplios sectores, ya que mejorar las condiciones de vida no garantiza fidelidad política.

La reflexión de fondo es que la Historia no terminó, pese a afirmar que el neoliberalismo es una victoria cultural. Lo que ocurre en Francia y en España, con desencadenantes sociales de magnitud imprevisible, es un indicio de que la realidad política puede cambiar con rapidez, incluso cuando los medios tradicionales parecen rezagados.

En el plano local, el fenómeno mileísta aparece, por ahora, combatiéndose a sí mismo: mantiene la certeza de que enfrenta internas cercanas a lo incomprensible, y nada garantiza que esa dinámica sea imperecedera. En ese contexto, surge la mención de un ministro de Economía descrito por el jefe de Gabinete —Marcos Peña— como un verdadero “Messi de las finanzas”.

Así, el tablero político que exhibe Caputo, la economía en recesión y la marea de la derecha en ascenso conviven con esfuerzos para reconstruir apoyos, generar propuestas viables y definir liderazgos que sostengan un proyecto a mediano plazo.