El mundo del boxeo argentino amaneció este miércoles con la noticia del fallecimiento de Jorge “Locomotora” Castro, a los 59 años, tras descompensarse en un bingo del Gran Buenos Aires. Su muerte cierra la historia de una de las figuras más singulares y recordadas de la última etapa de esplendor del deporte en Argentina, cuando en la década de los 90 el Luna Park vivía un silencio que contrastaba con la época de campeones que lo precedieron.
Castro, nacido en Caleta Olivia, hizo del instinto su bandera. Fue un talento natural que perdió la cuenta de cuántas horas dedicó a la disciplina formal, apostando a su potencia, a la picardía y a una intuición que sorprendía a rival y público. Su carrera estuvo marcada por la dosis exacta de riesgo y audacia que le otorgó un sello único en el boxeo criollo.
Su camino hacia el rótulo máximo comenzó en Buenos Aires, el 28 de mayo de 1988, en el estadio de la Federación Argentina de Box (FAB). Desde ese debut ante una enrome multitud que aguardaba ver al joven de Caleta Olivia, Castro forjó una trayectoria que superó las 140 peleas como profesional, una cifra notable incluso para la era actual, gracias a menos cuidados y reglas de hoy.
En 1994, logró el ansiado título mundial de peso mediano tras vencer al estadounidense Reggie Johnson en Tucumán, en una pelea que dejó cierta controversia en el veredicto. Defendería ese cinturón ante Alex Ramos, en su tierra natal, Caleta Olivia, con un knockout claro. Y un mes después, la escena internacional lo llevó a Monterrey para un combate que quedaría en la memoria: el 10 de diciembre de 1994, ante el estadio de béisbol, enfrentó a John David Jackson en una pelea que muchos aguardaban con la expectativa de ver a la figura local frente a un rival de alto nivel. Castro, postrado casi de cara a las cuerdas, recibió la embestida de Jackson en lo que fue una pelea de gran intensidad; el noveno asalto marcó un quiebre definitivo, y el enfrentamiento quedó grabado como uno de los episodios más recordados de esa época.
El árbitro Stanley Christodolou estuvo en el centro de esa noche, la misma crónica que quedó emparentada con otros momentos históricos del boxeo argentino, como la épica victoria de Víctor Galíndez ante Mike Rossman en 1978. El legado de Castro no se limitó a sus victorias y derrotas: su estilo caótico, la entrega total y el coraje que mostró en cada round son lo que lo mantienen vivo en la memoria de los aficionados.
Hoy, Locomotora Castro es considerado una de las últimas grandes figuras que dio el país, un puente entre la generación de Coggi, Vásquez y Domínguez y el boxeo moderno. Su historia, contada en primera persona por su oficio de riesgo y pasión, sigue inspirando a quienes entienden que el corazón puede hacerse más grande que cualquier desenlace.



