En el predio de la Asociación del Fútbol Argentino, la sesión del Comité Ejecutivo se vivió con un clima de corrección institucional pero de alto voltaje político. Este martes, River Plate ingresó al encuentro con un movimiento central: a través de su vicepresidente segundo, Ignacio Villarroel, acompañado por Agustín Forchieri, presentó un petitorio dirigido a cambios profundos en el fútbol argentino, poniendo énfasis en los formatos de torneos, los arbitrajes y los derechos de televisión.
Claudio Tapia, presidente de la AFA, recibió el documento y, si bien agradeció la vuelta de Villarroel al cuerpo, le dejó claro que esas líneas ya habían sido tratadas en reuniones anteriores y que hubiera sido deseable contar con esa propuesta con anterioridad. Además, explicó que el análisis del petitorio quedaría para 2028, ya que para 2027 estaban definidos otros acuerdos previos. Su lectura contrastó con la reciente decisión de la propia mesa: ese día se confirmó la realización de una nueva Recopa de Campeones en formato triangular entre los campeones de la Copa Argentina, la Supercopa Argentina y la Supercopa Internacional.
Tapia se mostró molesto también por la publicación anticipada del comunicado de River en su sitio web, algo que generó comentarios entre varios dirigentes. A la sorpresiva postura del club se sumaron otras voces de peso en la disciplina, como Luciano Nakis (prosecretario general de la AFA) y Marcelo Achile (vocal titular del Comité Ejecutivo y presidente de Defensores de Belgrano), quienes respaldaron la línea de la conducción.
Completaban la protectora de ideas otros directivos que se pronunciaron en contra de la postura de River: Mario Leito (presidente de Atlético Tucumán), Matías Mariotto (titular de Banfield) y Carolina Cristinziano (vicepresidenta de Rosario Central y esposa de Gonzalo Belloso). Cada voz tomó la palabra de forma individual para expresar su desacuerdo con la estrategia que River había elegido al regresar al órgano de decisión tras un periodo de ausencia.
River había estado fuera de la mesa durante seis meses, luego de que en marzo decidió no asistir por considerar que no existían garantías procedimentales suficientes para asegurar un proceso claro y previsible en la toma de decisiones. Su reingreso, lejos de allanar el camino, aportó una dinámica en la que la institución buscó defender sus posiciones desde adentro, recordando además que la regla de la quinta ausencia en el Comité Ejecutivo podría conllevar la pérdida de una vicepresidencia.
En definitiva, la jornada mostró un choque de enfoques entre el oficialismo de Tapia y el club de Núñez, con un River que intenta recuperar influencia institucional mientras mantiene su disidencia respecto a la lógica de gobernanza vigente.



