River continúa ajustándose en la cancha y, en paralelo, en la clasificación. Aún no logra meterse entre los ocho que jugarán los playoffs, pero con dos victorias consecutivas en el ciclo de Leonardo Ponzio empieza a acercarse a ubicaciones que le quedan mejor al plantel. Tras un inicio del Clausura complicado, con cuatro caídas seguidas, el equipo también escala en la Tabla Anual, quedando a dos puntos de Boca.

La victoria frente a un rival de cierta jerarquía como Independiente Rivadavia sumó valor extra. River volvió a convertir tres goles, como ya había hecho frente a Banfield, y mostró de nuevo varias actuaciones destacadas de sus jugadores. En los dos encuentros llevó la delantera y mantuvo una ventaja de dos goles; esa distancia se convirtió en una sola si se rememora el 2-1 del choque ante Banfield, pero la seguridad del equipo fue más notable que en otros momentos. Un arranque de complemento intenso, con circulación, paredes y combinaciones, permitió que Galván definiera al ángulo tras un rechazo de Bolcato, dejando el marcador 2-0; poco después llegó el descuento de Arce de cabeza.

Berti, entrenador de Independiente Rivadavia, respondió con cambios; la entrada de Luis Díaz y Sequeira dio más mordiente ofensiva al visitante. Un remate de Sequeira que dio en el travesaño pudo haber significado el 2-2 y haber cambiado el tono del encuentro. En el Monumental, otros fantasmas volvieron a rondar: la sensación de que River podría complicarse en los minutos finales por distracciones y por cambios que no siempre aportan.

Si hubo evolución en River, parece radicar en la capacidad de asegurar el triunfo antes de entrar en zonas de riesgo. La entrada de Lucas Beltrán aportó dinamismo frente al arco, y Almada junto a Correa volvieron a exhibir su jerarquía. El golazo de Galván, un remate desde fuera del área que encontró el ángulo, no solo amplió la ventaja sino que dejó al equipo con un ánimo más confiado.

En el aspecto individual, Correa continúa demostrando una capacidad para generar situaciones de penalidades: su manejo de enganche y su gambeta corta lo convierten en una “amenaza” constante para las defensas rivales, que terminan derribándolo. Su trayectoria, desde Rosario hacia San Lorenzo, pasando por Europa, ratifica el perfil que hoy aporta a este River que lo buscó para fortalecer su ofensiva. Y Angelito va dando respuestas.