El indicador volvió a registrar una escalada notable durante septiembre, al trepar un 19% y cerrar la semana por encima de los 600 puntos, ubicándose en valores similares a los observados en marzo de este año, cuando se dieron máximos del 2026.

Los analistas señalan dos motores claros detrás de la dinámica: por un lado, la subida de la tasa de interés en Estados Unidos elevó la base de valoración que utiliza JP Morgan para calcular el riesgo país; por el otro, la mejora o deterioro de las condiciones globales condiciona fuertemente las expectativas de la deuda local. Desde el Comité de Inversiones de Criteria explicaron que, con una mayor tasa libre de riesgo, el rendimiento exigido a activos argentinos aumenta y se complica la refinanciación de vencimientos a través de nuevos bonos.

Eric Ritondale, economista jefe de Puente, añadió que el endurecimiento de las condiciones financieras mundiales, con el tramo largo de la tasa estadounidense en niveles máximos en 25 años, impacta con especial intensidad a instrumentos de mayor volatilidad relativa, como los bonos soberanos argentinos. En ese marco, los fondos internacionales tienden a desarmar posiciones en activos con mayor sensibilidad crediticia, moviéndose más por factores externos que por indicadores locales.

A la vez, los factores domésticos pesan cada vez más. Los analistas coinciden en que los últimos datos de la economía no fueron alentadores: la caída del PIB en el segundo trimestre y un dato de actividad de julio con resultados débiles sugieren una recesión técnica (dos trimestres consecutivos en negativo), mientras crecen el desempleo y la pobreza.

En el frente externo, las exportaciones muestran fortaleza, pero el Banco Central redujo significativamente el ritmo de compras de dólares para evitar un deslizamiento del tipo de cambio. Tanto el BCyE como el Tesoro intervinieron para contener una devaluación ante una demanda privada de divisas en ascenso.

Justina Gedikian, estratega senior de Renta Fija de Cohen, recordó que en enero, cuando el riesgo país tocó la zona de 500 puntos, se dio un flujo mayor hacia emergentes y el BCRA comenzó a comprar dólares de forma sostenida. También comentó dudas sobre la financiación: desde mediados de agosto no se ofrece el bono local en dólares a 2029 (AO29) en un contexto de tasas altas, lo que añade incertidumbre sobre la convalidación de ese instrumento.

La incertidumbre política también empieza a influir en el escenario. Las dudas sobre la fortaleza de las alianzas oficialistas y el temor a que un eventual nuevo gobierno cambie el rumbo económico amplifican la cautela de los inversores ante el mercado local.