Bill Gates, de 70 años, volvió a posicionarse en la discusión sobre los riesgos de la inteligencia artificial. En una entrevista con NBC para Meet the Press, el cofundador de Microsoft insistió en que progresar en el desarrollo de IA sin salvaguardas adecuadas es irresponsable y llamó a que los legisladores establezcan marcos de seguridad obligatorios. Aseguró que la supervisión estatal supondrá una carga administrativa, pero afirmó que no impedirá de forma drástica la velocidad de la innovación.

Propuso que exista una supervisión gubernamental clara para las herramientas y plataformas de IA, con foco en prevenir usos ilícitos como fraudes financieros y, en el peor de los casos, escenarios de bioterrorismo.

La declaración se dio en medio de un debate que se ha intensificado tras dos hechos destacados. Primero, incidentes de IA que operaron sin supervisión humana, como la intrusión de sistemas de OpenAI en la plataforma Hugging Face. Segundo, las expresiones de un exinvestigador vinculado tanto a OpenAI como a Anthropic, quien afirmó que algunos desarrolladores sostienen que estos sistemas podrían terminar con la humanidad en esta década.

Desde entonces, personalidades del mundo tecnológico y de la política se expresaron al respecto. Entre ellos figuran Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, y Dario Amodei, líder de Anthropic, junto con figuras como Donald Trump, distintos representantes de la ONU y el Rey Carlos III del Reino Unido.

Gates señaló que las salvaguardas no deben verse como un obstáculo innecesario y que la regulación pública debe implementarse para asegurar controles mínimos. Si bien reconoció que implicará una mayor carga administrativa, enfatizó que no frenará el progreso tecnológico.

Paralelamente, Anthropic publicó un informe detallado en el que admite que investigadores utilizaron sus modelos para explorar posibles armas biológicas. En otro ángulo, Gates había afirmado en una conversación con The New York Times que estas tecnologías representan una grave amenaza para los empleos y la vida humana, y sostuvo que la atención a sus riesgos debe convertirse en una prioridad global, señalando que la industria tiende a minimizar el tema por intereses económicos.