Novak Djokovic volverá a disputar el ATP 500 de Basilea, certamen que no juega desde 20111, y lo hará a los 39 años luego de recibir una invitación de los organizadores. El torneo suizo se disputará del 26 de octubre al 1° de noviembre, y marcará su cuarta participación en Basilea, donde levantó el título en 2009 tras derrotar a Roger Federer en la final.
La participación de Djokovic tiene un doble objetivo: sumar puntos para la clasificación a las ATP Finals de Turín y, además, perseguir una marca histórica. Con 102 títulos en su carrera, el serbio podría alcanzar las 103 victorias si levanta el trofeo en Basilea, lo que lo pondría a la par de Federer en la historia de la ATP y lo dejaría en el segundo puesto, por detrás de Jimmy Connors, que encabeza con 109 cetros. La particularidad es que la hazaña podría lograrse en la ciudad natal de Federer.
Este regreso implica además un cambio en su agenda: tras su eliminación en Shanghai, Djokovic había anticipado que solo jugaría París, del 2 al 8 de noviembre, antes de las Finals. No obstante, la decisión de Basilea obedece a su objetivo de clasificarse por 17ª vez al certamen que reúne a lo más destacado de la temporada. Ocupa actualmente el undécimo lugar de la carrera hacia Turín y necesita terminar entre los nueve primeros para obtener la plaza, ya que Jannik Sinner no competirá en lo que resta de 2026 por una lesión de rodilla. Djokovic ya conquistó siete veces las ATP Finals, un récord histórico.
El itinerario reciente del serbio incluyó una gira por Asia con resultados variados. A principios de octubre sumó su título 102º, al derrotar al australiano Alex de Miñaur en la final de Pekín. Sin embargo, luego cayó en la segunda ronda de Shanghái ante el polaco Hubert Hurkacz.
En Basilea, Djokovic formará parte de un cuadro que también reúne a figuras de primer plano del circuito, como Félix Auger-Aliassime, Ben Shelton y Taylor Fritz. El evento, de categoría ATP 500 y disputado sobre pistas duras cubiertas, le ofrece una nueva oportunidad para acercarse a Turín y, al mismo tiempo, buscar la histórica marca que lo conectaría con el legado de Federer.



