Joaquín Buckley afrontó el fin de semana más complicado de su trayectoria en las artes marciales mixtas. El peleador estadounidense, reconocido por un estilo explosivo y palabras directas, transformó los días previos a UFC Fight Night: Buckley vs. Malott en una secuencia de situaciones que generaron más titulares fuera del octágono que dentro de él. Lo que parecía una semana para redimirse terminó convertido en un episodio mediático, rematado por un nocaut brutal en el Rogers Place de Edmonton, Canadá.
La tensión no estalló en la jaula, sino en la previa de la pelea ante el canadiense Mike Malott. Tras sufrir dos derrotas consecutivas frente a Kamaru Usman y Sean Brady, Buckley adoptó una actitud muy agresiva y un personaje centrado al extremo, que muchos interpretaron como una clara falta de respeto hacia la organización que le paga sus contratos.
El primer episodio relevante ocurrió en las pesas ceremoniales del viernes. Al subir a la balanza y cuando era momento de encararse con su rival, el propio Dana White, CEO de la UFC, apareció entre ambos para supervisar la escena. White extendió la mano a Buckley en un gesto de cordialidad. El peleador ignoró el saludo y dejó la mano en el aire, mientras dirigía una mirada desafiante hacia Malott. El intento de suavizar la situación del jefe quedó en segundo plano ante la escena captada por las cámaras y las transmisiones, desatando una ola de comentarios en redes sociales. En X, un usuario llegó a escribir que así “se arruina una carrera en 8 segundos”, reflejando la percepción de muchos seguidores.
Horas más tarde, fuera de cámara, Buckley fue abordado por la corresponsal oficial de UFC, McKenzie Pavacich, para la entrevista reglamentaria. El wélter eligió guardar silencio durante aproximadamente un minuto, sin responder las preguntas sobre su estrategia o sus sensaciones de pelear en territorio adversario. La reportera, sorprendida, cerró la transmisión reconociendo que aquello era inédito en su labor periodística.
La historia culminó en el octágono: Buckley perdió ante Malott por nocaut, ante un público canadiense ya acostumbrado a presenciar una disputa marcada por la polémica y la expectativa. Edmonton fue testigo de una noche que dejó en claro que, fuera del ring, las tensiones y gestos pueden influir tanto como la técnica en una pelea de alto nivel.



