En el otoño europeo de 2000, Lionel Messi, un chico rosarino de apenas 13 años, se presentó ante las pruebas de las inferiores del Barcelona. Tres formadores evaluaron su rendimiento y surgieron criterios diametralmente opuestos. Mientras uno de ellos destacaba la calidad técnica del joven, también advertía sobre una limitación física que, a su juicio, impedía su ingreso inmediato a la categoría cadete y, por ello, concluía que no había condiciones para ficharlo en ese momento. En su informe, además, señalaba que si bien podría crecer en los años venideros, con una altura proyectada de 150 cm y una complexión débil, resultaba muy complicado competir a ese nivel. Su conclusión fue categórica: no se debía fichar, y recomendaba seguir su evolución y volver a evaluarlo más adelante.

El segundo evaluador tomó una ruta opuesta. Salvando las diferencias de edad, trazó una comparación audaz con Diego Maradona y sostuvo que Messi tenía un potencial que justificaba su contratación de inmediato. Apuesta clara por su talento y por continuar con su desarrollo en el club, sin esperar a verlo crecer “a más” antes de decidir.

El tercer observador fue el más conciso, pero dejó una advertencia implícita: aunque el chico mostraba condiciones, el análisis señaló que aún era pronto para trazar un veredicto definitivo, y dejó abierta la puerta a futuras evaluaciones basadas en su evolución.

Entre las conclusiones positivas, el primer informe subrayaba que, a pesar de la corta edad, Messi era técnicamente muy completo para su generación, con buena visión de juego, agilidad y capacidad de dribleo y pase. Sin embargo, advertía que su estatura y su físico podían condicionar su rendimiento frente a rivales más altos y fuertes.

A pesar de las discrepancias en las valoraciones, Barcelona avanzó con la operación. El 14 de diciembre de 2000, Carles Rexach, entonces secretario técnico del club, dejó constancia en una servilleta del compromiso de fichar al joven, asumiendo la responsabilidad pese a las dudas expresadas por algunos de los evaluadores.

Veintiséis años después, esos informes salieron a la luz gracias al trabajo de Florent Torchut, periodista de France Football y autor de la biografía Rey Leo. Su difusión mostró claramente el cruce de criterios que rodearon la decisión de incorporar a Messi, un movimiento que terminaría por transformar la historia del club catalán y del fútbol mundial.