Jorge “Locomotora” Castro no solo dejó huella en el ring: era un ferviente admirador del automovilismo y, cada vez que tenía oportunidad, se acercaba a un autódromo para vivir las carreras. En una de esas ocasiones, el 9 de marzo de 2003, en Río Gallegos, se acercó al box de Alejandro Occhionero para manifestar su deseo de subirse como acompañante a un TC durante unas vueltas. Así lo recuerda Occhionero, ex piloto de Necochea: Castro era conocido por su gusto por los fierros y quería experimentar la experiencia de estar en el habitáculo de un auto de la categoría.
Antes de aquella jornada, el Roña ya había participado de eventos automovilísticos. En febrero de 2002 había estado presente en el inicio de la temporada en Mar de Ajó, compartiendo aquel momento con Juan Martín “Látigo” Coggi, otro entusiasta del automovilismo. Al año siguiente, Castro volvió a acercarse al autódromo, esta vez en la Patagonia, cerca de Caleta Olivia y no muy lejos de Río Gallegos. El boxeador demostró plena curiosidad por subirse a un vehículo de competición.
Para lograrlo, Occhionero explica que gestionaron el permiso con la categoría y, finalmente, lo llevaron a dar dos vueltas como acompañante en un entrenamiento. No era sencillo autorizar a alguien ajeno a la disciplina, pero el Roña, por su condición de atleta de élite, recibió la habilitación necesaria.
La experiencia dejó satisfecho al boxeador: le encantaba el mundo del motor y se mostró claramente emocionado; además, la pista le pareció atractiva. Occhionero enfatiza que Castro vivió ese momento con gran pasión, y confiesa que, mirándolo desde otra perspectiva, le habría gustado disfrutarlo más y compartir más tiempo en ese contexto. Aquel episodio le dejó, en su valoración, la impresión de que estaba ante una persona simple y plena, a pesar de la magnitud de su carrera en el boxeo.
Con el tiempo, la conversación entre Occhionero y Castro no continuó, y el recuerdo quedó como una anécdota destacada de un momento en el que el púgil dio muestras de su admiración por los autos y la velocidad. En el ámbito familiar, Occhionero y su entorno siempre estuvieron ligados al automovilismo: su hermano Marcelo fue responsable de equipos y su tío Juan Alberto compitió con un Chevrolet que ostentaba el número 7 de Roberto Mouras. Necochea y su zona de influencia —incluyendo localidades como Caleta Olivia, Lobería, Mechongué, Balcarce y Mar del Plata— dieron sus primeros pasos en la categoría Mar y Sierras, una de las más fuertes a nivel zonal.
A mediados de los años 90 y principios de los 2000, Occhionero fue animador y sumó catorce podios y seis victorias en series, entre otros logros, consolidando una trayectoria ligada a la región y a la historia del automovilismo local.



